¿Susurras, gritas, gimes, diriges o simplemente actúas? ¿Qué te gusta que te digan? ¿Sabes si a tus parejas les excitan las frases fuertes en el sexo? Palabras sucias, malas, irreproducibles. Onomatopeyas, jadeos y suspiros. ¿Eso es todo lo que se puede escuchar durante el sexo? ¿Por qué cuesta tanto articular palabras que abundan en la mente y pugnan por salir cuando la sangre acude ahí donde se la llama?
Para muchos, hablar durante las relaciones sexuales no sólo es un elemento más para acrecentar la pasión, también supone un instrumento con el que conocer las necesidades del otro, una garantía para conseguir una relación satisfactoria. Para otros, las palabras simplemente entorpecen el instinto.
Si bien existe una diferencia entre hacer el amor y tener sexo, también se da una enorme brecha en las palabras, formas y tonalidades a la hora de estar con nuestras parejas.
El sexo oral es algo más de lo que nos imaginamos. Es un homenaje al sentido más menospreciado del sexo: el oído.
No es sólo la humedad de la punta de una lengua hurgando en los laberintos de la oreja lo que puede dar un tirón en la entrepierna, como si desde allí colgara una plomada que obliga a apretar los muslos y es capaz de erguir en tótem cada pelo sobre la piel.
Por ese orificio a veces menospreciado del oído penetran, unas cuantas palabras y encuentran su eco abajo, allí donde las caricias son el lugar común del sexo. A veces ni siquiera son palabras, son solamente sonidos nada más que parecen emerger de otro abismo.
Unas pocas palabras, casi siempre las mismas, que huyen del decoro y abominan de lo correcto so pena de perder su eficacia de estilete, de punzón en las narices del deseo. Esas que se dicen cuando el sudor es un vestido y un ruido que se desprende de los cuerpos que se frotan.
“Más, más, sí, así, así, dame, dámelo todo, no te quedes con nada”. Lenguaje rudimentario las más de las veces, capaz de enervar la piel y las neuronas, cuando se amplía e inventa escenas que no suceden pero que sí, porque para qué discriminar entre lo que se imagina y lo concreto.
Pero una cosa es el papel y otra la mecánica de los cuerpos que cuando se encastran parecen perder el discurso y la retórica en favor de las onomatopeyas, los monosílabos, los ayes y los suspiros.
Son unos pocos afortunados los que dominan las palabras cuando el sexo impone su ritmo.
Palabras tan excitantes en su lugar, tan molestas fuera de contexto.
Salu2!!!
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