miércoles, 1 de octubre de 2008

UN GOLPE AL INDOMABLE

Ha muerto Paul Newman, un irreverente ícono de Hollywood.
Un enamorado de las carreras de autos. Un hombre que ayudo a muchos a escapar de las garras de las drogas. Lamentablemente no pudo hacerlo con su propio único hijo. Seguramente pensó en él hasta el último momento.

Hace poco tiempo anunció que se retiraba de la escena víctima de un cáncer de pulmón, que es ese cáncer maligno que nos amenaza a todos los que fumamos como chacuacos, igual que Paul Neuman, un fumador empedernido.

Hace unos días decidió, contra toda opinión médica, abandonar el hospital y morir en casa, junto al amor de toda su vida Joanne Woodward. Un indomable jamás permitiría que la muerte se lo llevara en un hospital. Cada quien es el amo en su hogar.

Inmed
iatamente pienso en los grandes papeles (a mi juicio personal) de su vida en las películas: El Golpe, La Leyenda del Indomable, Dos Hombres y un Destino… el actor de los poderosísimos ojos azules. Casualmente estaba escuchando Behind Blue Eyes de The Who, cuando leí la noticia en la red.

Con los papeles que interpretó en estas cintas Newman estaba ahí para recordarnos que a pesar de los golpes, tienes que levantarte antes que decirle basta a los idiotas, a los que piensan que están por encima de ti porque les sobra dinero o porque creen que de ellos es el reino de este mundo.

Era uno de los grandes, de los últimos gigantes que le quedan a un Hollywood que hoy está devorado por el plástico. Un pedazo de actor que llenaba pantalla y derramaba talento.

A pesar de su atractivo físico y su probado talento interpretativo, que le convirtieron en un ídolo de la gran pantalla durante generaciones, Newman supo mantener los pies en el suelo y no dejarse arrastrar por los halagos de la industria.

Un tipo que lo tuvo difícil porque era demasiado guapo, pero que supo moldearse para hacer papeles increíbles de forma magistral.

¿Qué hombre no ha querido ser Paul Newman? ¿Y qué mujer no ha querido intimar con él?
Este actor siempre despidió la clase de energía de los grandes, ya fuera para hacernos reír, para emocionarnos o para ambas cosas?

A su talento, su carisma y su belleza, indiscutibles, se unía su humanidad. Es raro que, en un lugar de tentación como Hollywood, dos actores estén unidos durante tantos años. Paul Newman y Joanne Woodward eran uña y carne, la clase de amor envidiable que abarca décadas. Su corazón le llevó a amar así y a luchar por diversas causas humanitarias.

Ha muerto Paul Newman. Un mito viviente del cine americano. Un actor que hace que callen las voces de todos aquellos imbéciles que desprecian lo que hizo grande a Hollywood.

Con él desaparece uno de los más grandes actores del cine norteamericano de todos los tiempos.

Quedan sus películas pero el hombre de los hermosos ojos azules ya no está entre nosotros. Newman se va y sus intensos ojos azules ya solo relucirán en el séptimo arte.

Se retiró a morir a casa, para estar con su gente. Como siempre, con dignidad, con elegancia, sin armar jaleo, aceptando que hasta las estrellas caen.

Abandonó el hospital para esperar a la Muerte en su lecho. Y seguro que también la sedujo.

Personalmente siempre le recordaré por el papel que hizo en “El Golpe”, una de mis películas favoritas (ya le dedicaré su propio espacio). Un guapo tahúr.

Inefable cara de pillo, una sonrisa apenas disimulada que puja por desbordar la comisura de los labios y que se escurre por las patas de gallo de los ojos.

Al lado de las cartas, sobre el tapete, la botella de ginebra aguada. La corbata desanudada. Tiemblan las mejillas de puro placer, de felicísima chulería. Un purito en la boca, subrayado encima por el bigotillo.

Henry Gondorff saca el trío de dieces, se ríe mirando hacia los lados, hace chocar las palmas de las manos y se las frota: "Jajajajaja... ¡Mala suerte, Lonigen! Eso le pasa por querer farolear".

Apoya las palmas de la mano en el chaleco y se frota el pecho con satisfacción: "Con un par de manos como ésta podremos irnos a dormir temprano".Siempre me parecieron los diez segundos más reales de la historia del cine.

Lo que allí está no es un actor interpretando, sino el mismo Henry Gondorff jugándosela al mafioso Doyle Lonnegan ¡Cuántas veces he visto la partida de póker de El Golpe y no deja de maravillarme cada vez que lo hago!

Siempre he tenido un extraño y absurdo pensamiento ante esa escena: era tan real que Paul Newman parecía latino.

Un extranjero no podía reírse así, tan de verdad.


Gracias, Mister Newman, por tantos momentos de felicidad. Pero sobre todo por esos diez segundos de arte verdadero.

Escribo estas líneas para rendirle mi modesto homenaje a una leyenda.

Salu2!!!

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