Cuando se escriba la historia del Siglo XX se consignarán los grandes avances materializados en los campos de las comunicaciones, la conquista del espacio, la cibernética y la medicina.
Junto con estas favorables realizaciones también habrá que relatar y analizar los actos de brutalidad y crueldad cometidos por el hombre.
Tras el Golpe de Estado de septiembre de 1973, se instauró en Chile un férreo y cruento régimen que cobró la vida de miles de personas y desaparecidos y provocó la huida de un millón de personas, que buscaron refugio en Europa, México y Venezuela principalmente.
El autor de estos lamentables hechos, que sucumbió a su propia vanidad tras proponer un plebiscito que perdió, sobrevivió a los intentos de la Justicia de que pagara por lo que hizo.
El 11 de septiembre de 1973 se instaló cruentamente en Chile una dictadura que acabó con 150 años de historia republicana, impregnó de autoritarismo las instituciones del país y cambió la vida de sus habitantes.
En la retina de los chilenos quedará para siempre la imagen de La Moneda en llamas, los estadios convertidos en prisiones y las hogueras en las que ardieron miles de libros "peligrosos".
El mismo día del Golpe, los comandantes en jefe, con Augusto Pinochet al frente, se constituyeron como Junta Militar, declararon el país en "guerra interna" y decretaron el Estado de Sitio, que se prorrogó, salvo breves períodos, hasta 1987, toque de queda incluido.
Pinochet ejerció el poder con mano de hierro hasta 1990, años en los que implantó un modelo neoliberal a ultranza que, aunque saneó la economía, dejó más de cinco millones de pobres, según cifras oficiales.
En octubre de 1973, una comitiva militar encabezada por el general Arellano Stark recorrió Chile en un helicóptero Puma, fueron los días de la Caravana de la Muerte. A esta siniestra “delegación” se le atribuyen hasta 75 asesinatos, la mayoría de líderes políticos y sindicales con el objetivo más que probable de descabezar a la oposición que pudiera sublevarse en los primeros meses del régimen de Pinochet.
El dictador no sólo "conocía" sus actividades sino que ordenó que no se investigaran. Una vez fuera del poder, se escudó en su condición de aforado como senador vitalicio para eludir la acción de la Justicia.
Algunas investigaciones señalan que la presencia de fuerzas militares en las calles, los helicópteros sobrevolando las ciudades de noche y los arrestos a plena luz del día contribuyeron a instaurar una "pedagogía del terror" del régimen.
Como legado político, además, Pinochet dejó una Constitución, aún hoy vigente, y diversos coletazos autoritarios que los gobiernos democráticos no han podido desatar, como la figura del senador vitalicio, que sirvió al dictador para esquivar el banquillo en el que ajustar cuentas con la Historia.
En 1988, tras negociar con algunos sectores de la oposición a la dictadura, Pinochet llamó a un plebiscito con el que pretendió legitimar su Gobierno. Perdió y su derrota marcó el fin de una sangrienta dictadura.
EEUU intenta dejar atrás el recuerdo del trigésimo aniversario del golpe de Pinochet. Washington, que ha reconocido, aunque de forma muy tibia, su relación con los preparativos y el golpe, prefiere que el aniversario pase de forma discreta.
El país ha ido desclasificando poco a poco miles de documentos, algunos de ellos solo parcialmente, que muestran de forma clara su apoyo a la oposición a Allende y su relación con algunos de los autores del golpe incluso antes de que Allende y su Gobierno tomaran posesión. Los documentos reflejan también que EEUU estaba al tanto también de la coordinación entre las dictaduras del Cono Sur para la represión de los opositores más allá de sus fronteras: la “Operación Cóndor”.
A comienzos de los 90 se descubren en Paraguay los documentos secretos de la policía política paraguaya. Esos documentos, llamados "los archivos del terror", revelaron el maquiavélico plan urdido en los 70 por los servicios de seguridad de los regímenes militares del Cono Sur: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, para acabar con los opositores a sus dictaduras, "izquierdistas, comunistas y marxistas".
Aunque algunos gobiernos negaron la existencia de este plan, documentos desclasificados por la CIA indican lo contrario. Algunas organizaciones de derechos humanos calculan que este operativo acabó con la vida de unas 30.000 personas, buena parte de ellas eran chilenos.
Además, se calcula que hasta un millón de ciudadanos abandonó Chile tras el golpe militar de 1973. Entre los exiliados abundaron los casos de suicidio, neurosis y frustración. Aún hoy, 800.000 chilenos que residen en el extranjero, parte de ellos huidos durante la dictadura, tratan de recuperar su nacionalidad.
La personalidad de Augusto Pinochet permaneció oculta por casi 30 años tras unas gafas oscuras y al final se escudaba tras una demencia legal que evitó su juicio. Su imagen demacrada en Londres, durante su detención por orden del juez español Baltasar Garzón, contrasta con su llegada a Santiago, 503 días después.
Cuando el Boeing 707 de las Fuerzas Armadas que lo llevó de vuelta a su país tomó tierra en Chile, se levantó de la silla de ruedas de la que se había servido para moverse y avanzó por la pista del aeropuerto como resucitado. "La Historia muestra que los dictadores nunca acaban bien", declaró en una ocasión a la revista The New Yorker.
Haciendo un poco de Augusto Pinochet Ugarte nació en 1915 en la provincia chilena de Valparaíso y vivió una infancia transcurrida sin sobresaltos. A los 17 años optó por la carrera militar.
Tras una brillante carrera militar, en octubre de 1972, fue nombrado comandante en jefe, con carácter interino, de las Fuerzas Armadas chilenas, y en agosto de 1973, Pinochet es confirmado a la cabeza del Ejército.
Aunque nunca se había pronunciado contra el gobierno de Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973 Pinochet lideró un golpe de estado "para liberar al país del yugo marxista".
Un año más tarde, el 27 de junio de 1974, era ya el Jefe Supremo de la Nación.
El 17 de diciembre fue nombrado presidente de la República y el 11 de marzo de 1981 asumió la Presidencia de la República por un período de ocho años tras jurar y acatar la nueva Constitución. Estuvo en el poder hasta 1990.
Fueron años de una dictadura férrea; años de detenciones, desapariciones, secuestros, todo en un contexto económico que complicó la subsistencia de las clases media y baja, provocando innumerables protestas.
En agosto de 1988, Pinochet fue designado por la Junta Militar candidato único a la Presidencia para el plebiscito del 5 de octubre de ese año, por el que se proponía su mantenimiento en el poder desde 1989 hasta diciembre de 1997.
Un 55,2% de los chilenos votó a favor del No, frente al 42% del Sí. El día 25, Pinochet anunció que dejaría el poder en 1990, aunque permanecería como jefe del Ejército.
En 1990, el dictador entregó la presidencia a Patricio Aylwin, vencedor de las elecciones democráticas. Pinochet continuó como comandante en jefe del Ejército hasta marzo de 1998, momento en que pasó a ser senador vitalicio.
Desde que dejó la Presidencia, Pinochet sorteó diversos episodios, como acusaciones de corrupción contra miembros de su familia, los hallazgos de fosas clandestinas con víctimas de la represión o la publicación del informe Rettig, que puso de manifiesto los abusos contra los derechos humanos cometidos por sus servicios de seguridad.
En 1998, y a petición de Baltazar Garzón, un valiente de la justicia española, Pinochet fue detenido en Londres. Finalmente, tras días de incertidumbre, el dictador no fue extraditado a España. Regresó a Chile.
Sin embargo, en este país también se multiplicaron las iniciativas para procesarle y que así diera cuenta de los crímenes perpetrados durante su gobierno.
De hecho, poco a poco, Pinochet fue desaforado en varios de los casos. De ese modo, sin inmunidad parlamentaria, el dictador podía ser juzgado. Su estado de salud, siempre alegado por su defensa, lo impidieron.
El 10 de diciembre de 2006, moría tras sufrir un infarto.
En marzo de 2006, Michelle Bachelet, una mujer que fue detenida y torturada durante la dictadura, asumió la presidencia del país.
Que casos como este, nos sirvan a todos los seres humanos para no volver a cometer casos de brutalidad y crueldad contra nuestros semejantes.
Salu2!!!
En la retina de los chilenos quedará para siempre la imagen de La Moneda en llamas, los estadios convertidos en prisiones y las hogueras en las que ardieron miles de libros "peligrosos".
El mismo día del Golpe, los comandantes en jefe, con Augusto Pinochet al frente, se constituyeron como Junta Militar, declararon el país en "guerra interna" y decretaron el Estado de Sitio, que se prorrogó, salvo breves períodos, hasta 1987, toque de queda incluido.
Pinochet ejerció el poder con mano de hierro hasta 1990, años en los que implantó un modelo neoliberal a ultranza que, aunque saneó la economía, dejó más de cinco millones de pobres, según cifras oficiales.
En octubre de 1973, una comitiva militar encabezada por el general Arellano Stark recorrió Chile en un helicóptero Puma, fueron los días de la Caravana de la Muerte. A esta siniestra “delegación” se le atribuyen hasta 75 asesinatos, la mayoría de líderes políticos y sindicales con el objetivo más que probable de descabezar a la oposición que pudiera sublevarse en los primeros meses del régimen de Pinochet.
El dictador no sólo "conocía" sus actividades sino que ordenó que no se investigaran. Una vez fuera del poder, se escudó en su condición de aforado como senador vitalicio para eludir la acción de la Justicia.
Algunas investigaciones señalan que la presencia de fuerzas militares en las calles, los helicópteros sobrevolando las ciudades de noche y los arrestos a plena luz del día contribuyeron a instaurar una "pedagogía del terror" del régimen.
Como legado político, además, Pinochet dejó una Constitución, aún hoy vigente, y diversos coletazos autoritarios que los gobiernos democráticos no han podido desatar, como la figura del senador vitalicio, que sirvió al dictador para esquivar el banquillo en el que ajustar cuentas con la Historia.
En 1988, tras negociar con algunos sectores de la oposición a la dictadura, Pinochet llamó a un plebiscito con el que pretendió legitimar su Gobierno. Perdió y su derrota marcó el fin de una sangrienta dictadura.
EEUU intenta dejar atrás el recuerdo del trigésimo aniversario del golpe de Pinochet. Washington, que ha reconocido, aunque de forma muy tibia, su relación con los preparativos y el golpe, prefiere que el aniversario pase de forma discreta.
El país ha ido desclasificando poco a poco miles de documentos, algunos de ellos solo parcialmente, que muestran de forma clara su apoyo a la oposición a Allende y su relación con algunos de los autores del golpe incluso antes de que Allende y su Gobierno tomaran posesión. Los documentos reflejan también que EEUU estaba al tanto también de la coordinación entre las dictaduras del Cono Sur para la represión de los opositores más allá de sus fronteras: la “Operación Cóndor”.
A comienzos de los 90 se descubren en Paraguay los documentos secretos de la policía política paraguaya. Esos documentos, llamados "los archivos del terror", revelaron el maquiavélico plan urdido en los 70 por los servicios de seguridad de los regímenes militares del Cono Sur: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, para acabar con los opositores a sus dictaduras, "izquierdistas, comunistas y marxistas".
Aunque algunos gobiernos negaron la existencia de este plan, documentos desclasificados por la CIA indican lo contrario. Algunas organizaciones de derechos humanos calculan que este operativo acabó con la vida de unas 30.000 personas, buena parte de ellas eran chilenos.
Además, se calcula que hasta un millón de ciudadanos abandonó Chile tras el golpe militar de 1973. Entre los exiliados abundaron los casos de suicidio, neurosis y frustración. Aún hoy, 800.000 chilenos que residen en el extranjero, parte de ellos huidos durante la dictadura, tratan de recuperar su nacionalidad.
La personalidad de Augusto Pinochet permaneció oculta por casi 30 años tras unas gafas oscuras y al final se escudaba tras una demencia legal que evitó su juicio. Su imagen demacrada en Londres, durante su detención por orden del juez español Baltasar Garzón, contrasta con su llegada a Santiago, 503 días después.
Cuando el Boeing 707 de las Fuerzas Armadas que lo llevó de vuelta a su país tomó tierra en Chile, se levantó de la silla de ruedas de la que se había servido para moverse y avanzó por la pista del aeropuerto como resucitado. "La Historia muestra que los dictadores nunca acaban bien", declaró en una ocasión a la revista The New Yorker.
Haciendo un poco de Augusto Pinochet Ugarte nació en 1915 en la provincia chilena de Valparaíso y vivió una infancia transcurrida sin sobresaltos. A los 17 años optó por la carrera militar.
Tras una brillante carrera militar, en octubre de 1972, fue nombrado comandante en jefe, con carácter interino, de las Fuerzas Armadas chilenas, y en agosto de 1973, Pinochet es confirmado a la cabeza del Ejército.
Aunque nunca se había pronunciado contra el gobierno de Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973 Pinochet lideró un golpe de estado "para liberar al país del yugo marxista".
Un año más tarde, el 27 de junio de 1974, era ya el Jefe Supremo de la Nación.
El 17 de diciembre fue nombrado presidente de la República y el 11 de marzo de 1981 asumió la Presidencia de la República por un período de ocho años tras jurar y acatar la nueva Constitución. Estuvo en el poder hasta 1990.
Fueron años de una dictadura férrea; años de detenciones, desapariciones, secuestros, todo en un contexto económico que complicó la subsistencia de las clases media y baja, provocando innumerables protestas.
En agosto de 1988, Pinochet fue designado por la Junta Militar candidato único a la Presidencia para el plebiscito del 5 de octubre de ese año, por el que se proponía su mantenimiento en el poder desde 1989 hasta diciembre de 1997.
Un 55,2% de los chilenos votó a favor del No, frente al 42% del Sí. El día 25, Pinochet anunció que dejaría el poder en 1990, aunque permanecería como jefe del Ejército.
En 1990, el dictador entregó la presidencia a Patricio Aylwin, vencedor de las elecciones democráticas. Pinochet continuó como comandante en jefe del Ejército hasta marzo de 1998, momento en que pasó a ser senador vitalicio.
Desde que dejó la Presidencia, Pinochet sorteó diversos episodios, como acusaciones de corrupción contra miembros de su familia, los hallazgos de fosas clandestinas con víctimas de la represión o la publicación del informe Rettig, que puso de manifiesto los abusos contra los derechos humanos cometidos por sus servicios de seguridad.
En 1998, y a petición de Baltazar Garzón, un valiente de la justicia española, Pinochet fue detenido en Londres. Finalmente, tras días de incertidumbre, el dictador no fue extraditado a España. Regresó a Chile.
Sin embargo, en este país también se multiplicaron las iniciativas para procesarle y que así diera cuenta de los crímenes perpetrados durante su gobierno.
De hecho, poco a poco, Pinochet fue desaforado en varios de los casos. De ese modo, sin inmunidad parlamentaria, el dictador podía ser juzgado. Su estado de salud, siempre alegado por su defensa, lo impidieron.
El 10 de diciembre de 2006, moría tras sufrir un infarto.
En marzo de 2006, Michelle Bachelet, una mujer que fue detenida y torturada durante la dictadura, asumió la presidencia del país.
Que casos como este, nos sirvan a todos los seres humanos para no volver a cometer casos de brutalidad y crueldad contra nuestros semejantes.
Salu2!!!

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